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agua


El agua es un componente fundamental para la vida, por esto no debe ser olvidado cuando hablamos de una alimentación saludable ya que debe estar siempre presente cuando nos alimentamos.

El agua cumple numerosas funciones en el organismo: es el medio de transporte de todos los nutrientes y productos de desecho metabólico; es un gran solvente; mantiene las estructuras celulares ya que los enlaces de hidrógeno entre moléculas de agua proveen factores de cohesión y ordenación; tiene una gran capacidad para atrapar el calor, por lo que participa en la regulación de la temperatura corporal; es un buen reactante, a menudo participa directamente en reacciones químicas de las células; es un buen lubricante y protector de los tejidos sensibles, ya que no es compresible por lo que resiste el aplastamiento. Por esto el agua es un componente fundamental en articulaciones, tubo digestivo y mucosas. El feto es mantenido en un medio de agua, el líquido amniótico. El cerebro está rodeado del líquido cefalorraquídeo que actúa como mecanismo protector contra golpes y lesiones. El agua representa aproximadamente un 60% del peso corporal de un adulto y cerca de un 70% en niños pequeños. El agua para ser consumida debe haber sido tratada, es decir, ser potabilizada o provenir de fuentes naturales o manantiales, como son las aguas minerales. Estas últimas se caracterizan por ser naturalmente libres de contaminación química y bacteriana y no haber recibido ningún tipo de tratamiento. Los niños deben tomar agua desde los seis meses de vida. Las personas que viven en climas cálidos deben aumentar su ingesta cuando practican deportes, así como también, en algunas situaciones especiales como fiebre o enfermedades diarreicas.