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leche materna


A semejanza del embarazo, la madre y el recién nacido siguen estrechamente ligados entre sí durante el período posterior al parto. Es en este momento cuando la glándula mamaria reemplaza muchas de las funciones de la placenta tanto nutricionales, inmunológicas como endocrinas, favoreciendo un adecuado estado de salud y desarrollo del recién nacido.

La glándula mamaria constituye una de las características fundamentales de los mamíferos quienes alimentan a sus crías con el producto de su secreción. La histología (tipos de tejidos) de la glándula mamaria es similar en todas las especies: un parénquima glandular, compuesto de alvéolos y conductos y un estroma de soporte donde cada célula alveolar se comporta como una unidad de secreción, produciendo leche completa, sintetizando y transportando desde el plasma sanguíneo proteínas, grasas, hidratos de carbonos, sales, anticuerpos y agua.

La leche materna es un fluido bioactivo vivo secretado por la glándula mamaria. El período de la lactancia se inicia después del parto, observándose que el nivel de la hormona progesterona en la sangre de la madre, alto durante el embarazo, baja progresivamente, suprimiéndose de esta manera la acción inhibidora que tiene esta hormona sobre la síntesis de la leche. La secreción láctea se inicia 30-40 horas después de la eliminación de la placenta. Las mamas se llenan de calostro y el volumen de leche aumenta de 50 hasta 500 ml desde el primer al cuarto día postparto. Considerando que la salida de la placenta, ya sea por parto vaginal o cesárea, determina una baja importante de la cantidad de progesterona, la “bajada de la leche” no es diferente después de un parto normal o por cesárea.

Para que la leche fluya desde el sitio donde se produce, los alvéolos, es necesario que éstos sean exprimidos por las células mioepiteliales que los rodean. La contracción de estas fibras, o “reflejo eyectolácteo”, se produce por la liberación de ocitocina en la hipófisis posterior. La ocitocina es la hormona galactopoyética más importante y es indispensable para el vaciamiento de la leche durante el amamantamiento. Esta hormona se produce no sólo con la succión del bebé, sino que responde a otros estímulos sensoriales y mecánicos del pezón-areola, como son los estímulos visuales, auditivos u olfatorios, pudiendo llegar a ser un reflejo condicionado y que puede ser bloqueado por estrés o dolor en situaciones estresante que se acompañan de liberación de catecolaminas. Por eso, cuando por ejemplo, el bebé está en otra habitación llorando o está lejos y la madre siente el llanto o piensa en su bebé, ella siente como sus pechos se le llenan de leche.

Su composición nutricional varía a lo largo del tiempo, el calostro, la primera leche es rica en agua y proteínas, en cambio la leche madura es más rica en grasas. La leche cambia su composición en los distintos momentos de la mamada, varía según el día y la noche, el frío o el calor, modificaciones adaptativas, nutricionales e inmunológicas que determinan que esta sea la alimentación ideal y perfecta para el bebé. Su especial composición de hidratos de carbono, no solo de lactosa, sino que la presencia de más de 200 tipos de oliogosacáridos, que si bien no cumplen una función nutricional propiamente tal, permiten que el bebé con lactancia materna exclusiva desarrolle una flora intestinal propia, rica en bífidobacterias a quienes se atribuye muchos de los efectos beneficiosos de la leche materna en la prevención de enfermedades. La leche humana, contribuye además a otorgar inmunidad pasiva al niño, acelera la maduración de sus órganos y del sistema inmunológico, permitiéndole mejorar sus propias defensas.

Los lactantes amamantados en forma exclusiva presentan menos infecciones y cuando estás son adquiridas son más leves. Algunos autores consideran al pecho materno como el órgano inmunitario del bebé, ya que le leche materna contribuye a proteger a los lactantes de bacterias y virus. Los bebés alimentados con leche materna tienen menor frecuencia de infecciones gastrointestinales, infecciones de vías respiratorias y otitis. También presentan menores índices de: celiaquía, cáncer, esclerosis múltiple, artritis crónica juvenil, alergias, asmas, y dermatitis atópica. Protege contra el desarrollo de diabetes mellitas tipo 1 y contra la obesidad. Existe evidencia que la leche materna contiene algunos componentes que modifican la expresión de los genes en las células del intestino lo que tendrían enorme importancia en el desarrollo de tumores y otras enfermedades crónicas en etapas posteriores de la vida.