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Numerosos estudios observacionales que relacionan patrones de alimentación con desarrollo de cáncer muestran que aquellos países que han incorporado un patrón de alimentación denominado “occidental” con ingestas de alimentos con alto contenido energético(calorías), de grasas y azúcares presentan un mayor número de casos de cánceres de mama, próstata, colorrectal, esófago, estómago e hígado sugiriendo que algunos factores dietarios podrían estar relacionados con su desarrollo.

Este patrón tipo “occidental” ha reemplazado las dietas tradicionales que contenían un predominio de cereales integrales, leguminosas, frutas y verduras. En general, estas dietas entregaban un menor aporte energético, un mayor aporte de fibra dietética y un bajo contenido de grasas saturadas y ácidos grasos trans. Los países en vías de desarrollo que han adoptado estos nuevos estilos muestran un perfil de cánceres semejante a los países desarrollados mostrando un aumento en el número de cánceres de pulmón, colorrectal, así como también, de mama en mujeres y próstata en hombres.

Por otra parte, estudios de migraciones de poblaciones muestran como la población migrante adquiere las características en relación a cáncer de la zona de destino, sugiriendo que el medioambiente, más que la herencia, sería responsable de las diferencias en las tasas de cáncer entre las regiones. Por ejemplo, los hombres japoneses tienen dos veces más cáncer colorrectal que los que viven en Japón y  las mujeres iraníes que migran a Canadá muestran un aumento de cuatro veces en la incidencia de cáncer de mama y una importante disminución en hombres y mujeres de cáncer de esófago y de estómago

Considerando la complejidad de la dieta humana, el análisis de los patrones de alimentación ha emergido como una nueva forma de entender las relaciones entre dieta y riesgos asociados. Estas relaciones dependerán de los diferentes tipos de alimentos consumidos, su contenido de nutrientes y de otros componentes, beneficiosos o riesgosos para la salud, así como de la frecuencia de consumo, la cantidad y también de la forma de preparación.

Un ejemplo de patrón alimentario es la denominada dieta mediterránea. Esta se caracteriza por un alto consumo de aceite de oliva, cereales, legumbres, frutas, verduras y pescado y un bajo consumo de carnes y lácteos. Se estima que posiblemente corresponde al modelo alimentario más saludable que existe, lo que viene corroborado por las menores tasas de morbilidad y la mayor esperanza de vida que muestran los países del Mediterráneo. La dieta mediterránea no es homogénea y tiene variaciones en sus componentes dentro de los países que corresponden a esta zona. Se ha sugerido que alrededor de un 25% de los cánceres colorrectales, 15% de los cánceres de mama y 10% de los cánceres de próstata y endometrio podrían ser prevenidos con la dieta mediterránea.

El consumo de aceite de oliva, el alimento más característico de la dieta mediterránea es una fuente de grasas monoinsaturadas y de diversos micronutrientes y componentes que han mostrado una asociación inversa con enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico y cáncer. Estudios muestran que la sustitución de un 5% de grasas saturadas por monoinsaturadas se asocia a un menor riesgo de cáncer de mama RR=0,67 y colorrectal RR=0,78. Parte de este efecto beneficioso puede estar dado por la asociación entre mayor consumo de aceite de oliva y consumo de vegetales.

La ingesta de vegetales ha sido relacionada en forma inversa con cánceres epiteliales observándose un riesgo relativo entre 0,3 y 0,7 para cánceres digestivo cuando se compara el tercil más alto de ingesta versus el tercil más bajo.  El aporte de fibra dietética y numerosos componentes como carotenoides y fitoquímicos, así como la mayor ingesta de fibra dietética y ácidos grasos omega 3 proveniente del consumo de pescado, constituyen los principales componentes que estarían determinando el efecto protector para el desarrollo de numerosos tipo de cánceres.

Frutas y vegetales

Las frutas y vegetales contienen una serie de componentes que otorgan numerosos efectos beneficiosos la salud. Numerosos reportes muestran una actividad preventiva del cáncer en relación a numerosos componentes de frutas y vegetales tales como vegetales crucíferos(brócoli, y coles), vegetales allium (ajo, cebolla), té verde, frutas cítricas, soya, tomates, berries y jengibre.  Aportan componentes como por ejemplo la genisteína, licopenos, brasinina, sulforanos, indol-3-carbinol, resveratrol, glucosilanatos y los isotiocianatos. También los vegetales de hojas verdes aportan folatos.

Existe evidencia que el consumo de vegetales y frutas protegen contra algunos tipos de cánceres: boca, laringe, faringe, esófago y estómago y también probablemente contra cáncer de pulmón. Esto se explicaría por su contenido en diversos micronutrientes y componentes bioactivos no esenciales que determinan además su color y sabor: salicilatos, fitoesteroles, saponinas, glucosinolatos, sulfidos, terpenos y lectinas. Muchos de ellos actúan como antioxidantes previniendo el daño oxidativo de las células proteínas y ADN influyendo de este modo sobre el riesgo de cáncer, modulando enzimas detoxificadoras, estimulando el sistema inmune, las actividades antiproliferativas y/o modulando la concentración de hormonas esteroidales y del metabolismo hormonal entre otras.

Las frutas, especialmente las cítricas, son una buena fuente de vitamina C  y de otros antioxidantes, como fenoles y flavonoides. Los alimentos que contienen vitamina C podrían proteger contra el cáncer esofágico. La vitamina C es un donador de electrones y es un potente antioxidante soluble en agua. Atrapa los radicales libres y las especies reactivas al oxígeno inhibiendo la formación de componentes carcinogénicos y protege el ADN de una eventual mutagénesis y regenera otros antioxidantes como la vitamina E. Los flavonoides contenidos en frutas tienen efectos antioxidantes y pueden alterar el metabolismo de otros agentes dietarios  como la quercetina, presente en manzanas, que inhibe la expresión de CYP1A1(citocromo P450) disminuyendo el daño del ADN(3). Todos estos fotoquímicos presentes pueden tener efectos aditivos y sinérgicos responsables de la actividad anticáncer.

Los estudios muestran que los folatos, contenidos en vegetales y frutas, especialmente vegetales verdes protegerían en contra del cáncer de páncreas. Los folatos juegan un papel importante en la síntesis de núcleotidos y en la metilación del ADN, cuya alteración produciría una expresión aberrante de algunos genes. La deficiencia de folatos produciría una incorporación de uracilo en vez de timina al ADN, alterándolo y favoreciendo la carcinogénesis. Nuevos estudios sugieren un efecto protector del cáncer colorrectal sólo cuando existe una adecuada ingesta de folatos dietarios. Estudios en animales muestran que la dosis y tiempo de intervención con folato, especialmente como ácido fólico, son críticas en el desarrollo de cáncer colorrectal.

Un ejemplo de los tantos componentes beneficiosos que se describen es la quercetina, un flavonoide no esencial contenido en frutas tales como manzanas, y berries. También se encuentra en vegetales como cebollas, brócoli, vegetales verdes y  en el té verde y negro. Diversos estudios sugieren que tendría actividad antioxidante y antinflamatoria inhibiendo la expresión de CYP1A1 evitando  de este modo el daño del ADN. Se ha descrito una acción preventiva en cáncer de pulmón, especialmente asociado a tabaquismo, sin embargo, no existen estudios suficientes que demuestren su actividad preventiva. Estudios recientes muestran una curva dosis respuesta bifásica que depende de la concentración de quercetina, mostrando una función como antioxidante a dosis bajas y como pro-oxidante a concentraciones elevadas.

Otros como el ajo, achicorias aportan otro tipo de fibra, inulina, un fructooligosacárido que se digiere en la parte final del colon, favoreciendo el crecimiento de las bífidobacterias. Su fermentación en el colon genera ácidos grasos de cadena corta, especialmente butirato que puede inducir apoptosis, detención del ciclo celular y una promoción en la diferenciación  que contribuiría en la prevención del cáncer.

Así que la recomendación de alimentación saludable, no es solo por la obesidad, diabetes o hipertensión arterial, sino como un componente fundamental en la prevención del cáncer.

Referencias

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